sobrevives o vives desarrollo personal y autoconocimiento

¿Sobrevives o Vives? Apaga el piloto automático.

¿Sobrevives o Vives? Apaga el piloto automático.

 

Estamos en una sociedad en declive que está dando paso a la humanidad, que es lo que realmente somos. 

Nueva humanidad

La gran mayoría de traumas, dolores y conflictos surgen de la sociedad, y los sana la humanidad. ¿Qué quiero decir con esto? Hemos creado, sin quererlo, una sociedad anclada en el dolor, que reacciona a la defensiva ante estímulos neutros. Hacen falta toneladas de amor para sanar.

Sin darnos cuenta, nos vamos anestesiando y normalizando la incomodidad, el dolor, la prisa… y nos conformamos con pequeños analgésicos que mitigan el malestar. Ponemos tiritas sin curar la herida.

En muchas ocasiones, vivimos en trabajos que no nos gustan para ganar dinero que paga las distracciones y las vacaciones que nos sacan de esa sensación desagradable que nos produce ese trabajo y la vida en la que se sustenta. Y así se perpetúa la rueda de la rata en la que vivimos. Trabajar para sobrevivir, pagar para apagar el ruido de la incomodidad.

Somos el único ser vivo que paga por vivir…

ser vivo que paga«La mejor manera de evitar que un prisionero escape es asegurarse de que nunca sepa que está en prisión». Fiódor Dostoyevski.

Y tenemos una cárcel preciosa y confortable que nos aleja de nuestra libertad y nuestra humanidad. Es hora de quitarse las cadenas y empezar a transitar caminos que no están andados. Nos vamos a equivocar mucho, pero también podemos aprender un motón de esta nueva experiencia.

En muchas ocasiones, lo nuevo, nos paraliza por el miedo a lo desconocido. Pensamos ¿y si ocurre esto? ¿o lo otro? Nuestro cerebro, por supervivencia nos lleva a pensar en los peligros a evitar, pero ¿y si creces, aprendes y disfrutas?

Tenemos que obligar a nuestro cerebro a pensar en lo que podemos ganar al dar el salto a lo desconocido y a sostener las pérdidas en el peor de los casos.

 

Herencias.

Además, tenemos una herencia genética inconsciente. Conocemos la historia a nivel mental, pero a nivel físico la estamos sintiendo y expresando. Antes te contaba que ante ciertas situaciones el cerebro crear esquemas de respuesta automática para automatizar la respuesta y ahorrar recursos cognitivos. Bien, pues esto se hereda de generación en generación.

Te cuento sobre el «experimento de los ratones y el olor a flor de cerezo». Investiga la herencia epigenética transgeneracional. Cómo las experiencias traumáticas o los miedos aprendidos de los padres pueden dejar marcas moleculares en sus gametos y transmitirse a la descendencia.

¿En qué consistió? Los científicos utilizaron acetofenona (un compuesto químico con un aroma similar al de la flor de cerezo) y condicionaron a ratones machos aplicando pequeñas descargas eléctricas cada vez que percibían el olor. Los ratones aprendieron a temerle a ese aroma.

Lo sorprendente fue que tanto sus hijos (crías que ni siquiera habían nacido ni olido el aroma antes) como sus nietos mostraron una sensibilidad y una reacción de miedo exageradas ante el olor a cerezo, acompañadas de modificaciones físicas reales en las estructuras neuronales de sus cerebros y cambios epigenéticos (metilación) en su ADN espermático.

¿De que manera se traduce esto? Piensa en lo que vivieron tus padres, tus abuelos y bisabuelos. Esta es tu herencia epigenética. Ahora, la buena noticia es que igual que heredamos los eventos traumáticos, también heredamos los eventos de resiliencia y adaptativos.

Si nos vamos a un lenguaje más espiritual, estaríamos hablando de karma. Igual que heredamos lo que se considera «mal karma» o «karma negativo», me alegra contarte que también heredamos el «buen karma» o «karma positivo». Y lo mejor de todo, independientemente de lo que heredamos, tenemos la capacidad de aceptar, rechazar o cambiar esta herencia. ¿Cómo?

El cambio se produce cuando el coste es mayor que el beneficio.

Es un concepto que viene del mundo financiero, pero si te paras a pensarlo con detenimiento, es aplicable a cualquier área de la vida.

Vamos normalizando pequeñas enfermedades que incomodan y molestan, siempre y cuando sean por periodos cortos. Catarros, dolores de cabeza, gastroenteritis… Hasta las empresas cuentan con un porcentaje de bajas por estos motivos. Nos quejamos, pero tampoco hacemos nada para cambiarlo. Y la queja anula el beneficio al mantenernos estancados en el mismo lugar. Nada cambia, solo aumenta el malestar.

El malestar no es suficientemente incómodo como para tomar acción y cambiarlo. Es como cuando estás durmiendo y sientes un poco de frío, pero no el suficiente como para levantarte de la cama y buscar una manta para dormir confortable. Lo mismo ocurre con este tipo de malestares en nuestro cotidiano. Hasta que no nos producen sufrimiento no hacemos nada.

Hasta que un día llega algo más gordo y la situación cambia. O nos hundimos en el sufrimiento del victimismo de «pobre de mí», culpando al entorno, a la sociedad, al sistema sanitario… o tomamos las riendas de nuestra vida porque sabemos que nadie nos va a salvar desde fuera.

Cuando la vida nos da sustos grandes y el coste es mayor que el beneficio, es cuando tomamos las riendas de nuestra vida y podemos desplegar el potencial innato que poseemos.

No son milagros, es resiliencia.

Te hago una propuesta, ¿Y si desplegamos nuestro potencial antes de vernos en una situación de malestar o sufrimiento?

Si quieres saber qué te ha traído hasta aquí, mira las causas que pusiste en el pasado. Y si quieres crear una vida y una realidad diferente, pon las causas para crear tu futuro.

El poder está y ha estado siempre en tus manos, pero esto no nos lo enseñan en ninguna parte. Nadie nos enseña a escucharnos, a identificar los mensajes que traen las emociones que nos advierten de que por ahí no es, y a ver el potencial humano tan grande que tenemos para utilizarlo a nuestro favor.

Si no encajamos en el sistema, nos hacen pensar que estamos rotos porque no somos productivos. Pero no estás roto ni rota. Es más, tu propósito en la vida no es ser productivo. ¿Cuándo estés en el lecho de muerte vas a pensar que te arrepientes de no haber trabajado más? Creo que no. Nuestro propósito en la vida es disfrutar y ser felices.

A esto tampoco nos enseñan en la escuela. Por esto mismo nació «La Escuela Humana».

Somos seres humanos en prácticas.

¿Qué quiere decir esto? Nuestra forma de aprender es por ensayo y error. Nadie te puede decir cómo vivir tu vida de la forma correcta con una fórmula de 10 pasos estandarizada. Ojalá fuera tan sencillo.

Puede que le funcione a algunas personas o en algunos momentos, pero la vida personal es única y cambiante. Y esto es lo bonito: la diversidad de experiencias. La realidad es que  nos tenemos que adaptar al cambio constante tanto de las situaciones, como de nosotros y nosotras mismas.

Algo que te funcionó en el pasado, ahora puede ser desadaptativo para tu momento presente. Esto es muy habitual. En la infancia utilizamos estrategias de afrontamiento ante un evento adverso y fijamos esa información de forma automática. Nuestro cerebro registra que ante esa situación en concreto, la solución es la misma que pusimos en su momento y la vuelve a aplicar exactamente igual.

Se generan estos esquemas para ahorrar recursos de nuestro cerebro, pero emocionalmente no nos estamos ahorrando nada. Al contrario, esto puede generar situaciones desagradables por una reacción desproporcionada a la situación actual.

¿Qué ocurre? Que ya no somos ni la misma persona, ni la persona o situación en la que se fijo esa información son las mismas. Es costoso mentalmente, pero es necesario evolutivamente revisar esas creencias que se fijaron en el pasado y hoy nos limitan metiéndonos en situaciones desagradables.

Entonces, ¿Cuál es la fórmula mágica?

Siento decirte que no existe una fórmula mágica única. Pero no caigamos en el pesimismo. Existen fórmulas para aplicar en nuestras vidas.

La fórmula adecuada es la Inteligencia Humana. Tenemos la capacidad de crear y de improvisar, de inovar. Contamos con la intuición y la capacidad resolutiva. Nuestro mayor fuerte está en la resiliencia de crear nuevas posibilidades ante situaciones inesperadas.

¿Cuántos «milagritos» ocurren cuando una persona está en una situación límite? No esperemos a estar en el borde del abismo para sacar nuestro potencial.

Yo no voy a decirte qué tienes que hacer, ni te puedo arreglar, porque no estás roto ni rota. Ya somos perfectamente imperfectos. Mi función aquí es acompañarte a que aprendas a escucharte para que dejes de sobrevivir y empieces a vivir.

Te dejo un enlace a una escena de la película «El Show de Truman». Si no la has visto, te la recomiendo antes de que veas este vídeo que te destripa toda la trama…

¿Te atreves a SER?

Si sientes que ha llegado el momento de parar el ruido y trazar tu propia ruta, echa un vistazo al Mapa Vital o únete a la Comunidad «Inteligencia Humana» para empezar a transitar este camino acompañada.

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